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(Foto: Ramón de la Rocha) |
A Sebastián Matos ya casi no le preguntan por los 'sin' 'papeles' que arriesgan su vida para llegar a Canarias en un cayuco. Hace algo más de un año, las embarcaciones atestadas de inmigrantes eran una novedad y él era uno de los sanitarios que acudía a la costa, junto con personal de Cruz Roja, a ofrecer asistencia con el Servicio de Urgencias Canario. «Mi entorno quería saber en qué condiciones llegaban. Ya no. Lo que entonces era inaudito ahora es algo cotidiano pero igualmente trágico», comenta este enfermero, que ha coordinado un estudio para conocer cómo llegan a nuestro país.
Los resultados se presentarán el mes que viene en el Congreso Nacional de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria. Horas antes de que SALUD hablara con Sebastián se supo que una veintena de inmigrantes habían perdido la vida al naufragar la lancha que les llevaba a Gran Canaria.
Pregunta.- ¿Por qué era preciso hacer este trabajo de investigación?
Respuesta.- Necesitábamos saber si hacía falta disponer de un servicio permanente para atenderlos. Ya no hablamos de un problema puntual, sino de algo casi cotidiano que requiere más médicos y recursos. Por eso hemos analizado hasta qué punto son frecuentes las hipotermias, las quemaduras, las erosiones o los traumatismos. Otra cosa es la patología de base durante su estancia en el centro de retención. Hemos estudiado más de 6.000 inmigrantes entre enero y mayo de este año y un 5% necesitó asistencia sanitaria. Entre éstos, el 63% pudo ser atendido 'in situ' y un 36% tuvo que ser trasladado a centros sanitarios.
P.- ¿Qué complicaciones son más frecuentes entre los que necesitan atención médica?
R.- Hemos comprobado que la hipotermia afecta al 35%. Son muchas horas a la intemperie y la mayoría vienen con poco más que un chubasquero porque el espacio es mínimo. Las hipoglucemias están presentes en el 28%, un proceso que se produce al quedarse sin comida porque no llegan en el tiempo estimado. Suelen tardar en llegar entre seis y ocho días. Depende del viento y del peso de la embarcación.
P.- ¿El hacinamiento es también causa frecuente de patología?
R.- Sí. El riesgo de contagio de, por ejemplo, la tuberculosis o de una gripe entre personas apiñadas durante siete u ocho días es mucho mayor. Las dimensiones del cayuco varían poco y suelen venir un promedio de sesenta personas en cada uno; a veces hasta ochenta. Eso significa no poder ni moverse. Cuando hay golpes de mar, se aferran al bote para evitar caer y si las tablas no están bien cepilladas, se producen erosiones.
P.- Algunos cayucos hacen agua pero llegan a la costa.
R.- Ya los hay que traen GPS y todos cuentan con algún teléfono móvil desde el cual informar si están a la deriva o si tienen algún problema.
P.- Pero alcanzar la costa no implica llegar sano y salvo.
R.- No. Hay que tener en cuenta que los inmigrantes se ven obligados a achicar agua constantemente durante el viaje. El hecho de mojarse y no poder cambiarse de ropa ni calzado y el riesgo de hipotermia es mayor. Por otro lado, su estado de salud está condicionado también por la alimentación. Durante la travesía comen yogures, galletas, bocadillos, zumos, pero no siempre llevan cantidad suficiente y hemos atendido pacientes que no se han llevado a la boca prácticamente nada en dos o tres días.
Por eso se les espera para darles abrigos, mantas, ropa nueva, agua y víveres. Como el 90% llega al puerto de los Cristianos, Cruz Roja ha decidido no desmontar las dos carpas hospitalarias, que es donde se clasifica a los pacientes.
P.- ¿Cómo son los casos graves?
R.- Pacientes con dolor abdominal por haber bebido agua salada, lo que produce alteraciones de los electrolitos, como el sodio, el potasio o la glucosa. Hemos atendido embarazadas pero ninguna que desembarcara con parto inminente. Ha habido algún caso de parto en alta mar y también de fallecimiento en el cayuco de un bebé que había embarcado pocos días después de nacer y al que se intentó reanimar en vano. Al ser embarazos sin control, todas son trasladadas a un hospital con ginecólogo de referencia para que se les realice las ecografías y analíticas oportunas.
P.- ¿Cómo percibe el debate de la inmigración alguien que vive sobre el terreno esta crisis humanitaria?
R.- Sinceramente, unos vendrán más o menos sanos pero todos me parecen unos valientes. Yo no me atrevería a navegar durante ocho días en esas condiciones, en barcos que en algunos casos son auténticos cascarones, para buscar un futuro mejor.
R.- Algunos de estos intrépidos son adolescentes.
P.- Efectivamente, en lo que va de año han llegado a las costas canarias más de 27.000 sin papeles, de los cuales 835 son menores y 121 mujeres. Uno de mis hijos tiene 14 años y veo cómo chicos de esa edad, a veces sin saber nadar, se embarcan con cincuenta desconocidos para mejorar su situación y la de su familia. En las caras de todos ellos ves desasosiego, desconsuelo, pero sobre todo miedo. No se les borra el miedo que han pasado durante toda la travesía. |