Médicos de Urgencias
Nunca me gustaron las guardias en la puerta del hospital ni es un trabajo que yo crea saber desempeñar adecuadamente. En poco tiempo, y tras muchas horas sin dormir o descansar, hay que ser capaz de discernir el grado de urgencia (no la gravedad) del paciente, saber cuál es el mejor próximo paso (ingreso, consulta del especialista, domicilio...) y ser capaz de soportar una gran presión desde todos los frentes (el paciente impaciente, el compañero gruñón, el especialista que no quiere bajar a valorar un enfermo...).
Hace ya más de un año que no hago 'Medicina de trincheras', lo que no significa que no haya seguido haciendo guardias en el hospital. Alejarme del punto caliente pero seguir en contacto con aquellos médicos me ha permitido tomar perspectiva y ver el problema con mayor amplitud. Donde antes sólo veía adjuntos con mal carácter procurando escaquearse del trabajo que al final teníamos que hacer los residentes novatos veo que en verdad hay un grupo de profesionales mal considerado haciendo frente a una carga de trabajo desmesurada para los recursos con que cuentan.
Mal considerados por los pacientes. Los que son ingresados por su mala condición, al ser dados de alta dan las gracias a todo el personal que ven en la planta pero no se acuerdan de quien les atendió el primer día, valoró la importancia de su afección y encaminó el proceso. Y los que no son ingresados, después no piensan que "a pesar de lo malo que estaba, al final no fue nada importante, tal como dijo el de Urgencias".
Parece como si en verdad el trabajo en Urgencias fuera meramente administrativo. "¿Le cuesta respirar? Ingresa en Neumología".
Pero también están mal considerados por sus superiores. Para empezar Urgencias no tiene categoría de 'Servicio', lo que impide a sus profesionales gozar de los mismos privilegios y bonificaciones que otros médicos de idénticos méritos y antigüedad contratados en el hospital. Además los criterios establecidos de buen funcionamiento del ¿departamento? (gasto en material, número de ingresos en planta, de derivaciones al especialista, de altas, de pruebas diagnósticas realizadas, etc.) son claramente desacordes a la demanda de los usuarios. En cualquier momento del día o de la noche que uno se pase por un hospital verá la sala de Urgencias con un nutrido grupo de personas y una espera total en torno a las cuatro o seis horas. No se trata sólo de aquellos que acuden sin motivo urgente, que saturan por alto número, pero al fin y al cabo apenas consumen tiempo de decisión clínica o de procesos diagnósticos/terapéuticos. Se trata de gente grave esperando porque los hospitales no están adecuados a la creciente cronificación de los enfermos. Lo normal en Urgencias es atender a personas mayores de 65 años con diabetes, hipertensión y una tercera enfermedad, que es la que motiva la visita y que por culpa de las dos primeras necesita ingresar para tratamiento. En el hospital no hay cama para todo el que lo precisa (y de haberla, no hay personal para atenderlas), con lo que toca esperar en un pasillo hasta que alguien salga del hospital para ocupar su cama.
Pero quien da la cara no es el gerente que decide no contratar más personal ni el político que considera prioritario subvencionar la operación de cambio de sexo o la píldora del día después antes que ampliar el número de camas de hospital. Es el médico de Urgencias quien parece el culpable de la espera hasta que encuentren una cama. Parece que no le importa el paciente, que tiene prisa por desembarazarse de él.
Al médico le fuerzan a ingresar poco y hacer poco gasto, pero la sociedad cada vez necesita más cuidados (y sufre más reagudizaciones de sus enfermedades crónicas).
Es un trabajo difícil, más por la condiciones en que se desempeña que por la tarea a realizar. No está de más tenerlo en cuenta al oir (o sufrir por nosotros mismos) la última desventura en Urgencias.
Escrito por Jokin. Ir a su blog
|