Pagar mal a los médicos podría salirle caro al sistema de sanidad español y es que, según los analistas, parte de la sostenibilidad económica del SNS se fundamenta en la reducción de gastos a cuenta de los salarios de los profesionales. La 'fuga' de los médicos con talento es sólo una de las consecuencias previsibles.
El panorama del Sistema Nacional de Salud (SNS), tal y como se concibe en la actualidad, no tiene visos de ser muy halagüeño. Según diferentes expertos, reunidos durante el 2º Encuentro de Antiguos Alumnos del Programa de Alta Dirección en Instituciones Sanitarias del IESE Business School, no existe una única solución, pero sí es posible que España siguiera la tendencia que están adoptando cada vez más países de su entorno de aunar en sanidad el ámbito de lo público y lo privado.
Gran parte de los problemas que se le avecinan al SNS parten de la paulatina desmotivación que está sufriendo el personal sanitario. Para Javier Maldonado, subdirector médico del Hospital La Paz, la política de recursos humanos sigue sin sufrir cambios, lo que hace que existan los mismos problemas que hace 20 años.
Así, Maldonado explicó cómo en los años 70 primaba el centralismo hospitalario con la primera generación de médicos con vocación hospitalaria, mientras que en los 80 surgió ya la necesidad de controlar el gasto público y se alcanza el máximo prestigio del sistema MIR hasta el punto de que en 1982 había una plaza por cada 25 alumnos, mientras que en 2006 la relación es de uno a uno.
Es precisamente en estos años cuando comienza la pérdida del poder del médico y se detectan síntomas de decaimiento en los profesionales comprometidos con la sanidad pública -se convocó la primera huelga en el 87 que fracasó por la diferencia de intereses-. La Administración respondió potenciando el modelo gerencial en los hospitales, permitiendo la autorregulación de la enfermería y estableciendo un régimen de incompatibilidades para poner orden al pluriempleo existente.
La situación se complica con la entrada del siglo XXI cuando se pasa de 60.000 estudiantes de Medicina a 28.000 y de 15.000 licenciados por año a 4.500, de los cuales hay 1.300 médicos extranjeros que regularizan su situación, por lo que el sistema MIR se desinfla ya que sobran plazas al no haber suficientes licenciados para cubrirlas.
A esta situación se suma la 'fuga' de médicos españoles al extranjero y los problemas existentes para que se muevan dentro del país debido a la diferencia de contratación entre hospitales comarcales. Persisten las condiciones "penosas" de contratación y la atención primaria pierde nuevamente su prestigio. El escenario se completa con la feminización de la medicina, algo que se notará en las guardias, y la existencia de 17 sistemas de salud por las diferencias que hay entre comunidades autónomas.
La respuesta a estos problemas pasaría por el establecimiento de un mercado de competencia regulada, la separación de la función de compra y provisión, dotar a los médicos de autonomía de gestión e impulsar la gestión clínica.
Gestión del talento
"La organización del sistema sanitario debe basarse en la gestión del conocimiento", comentó el subdirector médico de La Paz. En la actualidad, un directivo de un centro sanitario, agregó, tiene que retener el talento, no puede permitir que se le vayan los buenos profesionales. El conocimiento se convierte, por tanto, en el mayor capital del sistema sanitario y su gestión eficaz en un factor clave del éxito -la llamada gestión del talento-.
La motivación de los profesionales se centraría en la acreditación de la formación continuada, el fomento de la investigación, el sistema de remuneración y la carrera profesional.
En este último punto, tanto Maldonado como la gerente del Hospital de Fuenlabrada, Ana Sánchez, destacaron lo perjudicial de la intervención de los sindicatos en la negociación de la carrera profesional. Cada sindicato en su región, señaló el experto, puede arruinar el desarrollo profesional que es de las "pocas cosas que quedan para ofrecer a los profesionales". "¿Por qué no permitimos que en nuestros centros se desarrollen segundas carreras profesionales?", se preguntó.
De este modo, durante el encuentro se planteó la existencia de "opas entre hospitales" que requieren que cada centro busque medidas para atraerse a los mejores profesionales para no encontrarse "con los que no han querido en otros sitios".
Se analizó también la opción adoptada por Inglaterra, que apenas forma sus propios médicos e invierte ese dinero en pagar a profesionales extranjeros. En el caso de España, se forma a médicos que ejercen luego en países como Inglaterra.
Algo lógico si se tienen en cuenta las palabras de José Antonio Gutiérrez, director de la Fundación Lilly -patrocinador de la jornada-, que insistió en que el sistema español cuesta "sólo un 6 por ciento del PIB" pero "a costa de no pagar a los profesionales". "No se trata de bajar más los costes de la farmacia, que se lleva tan sólo el 25 por ciento, sino en ofrecer salarios más adecuados y para ello, quizás habría que replantearse la viabilidad del estado del bienestar en España", planteó.
Algo que ya ha sucedido previamente en países como Suecia cuya experiencia relató Mauricio Rojas, diputado del Parlamento de este país.
¿Ejemplo para España?
Suecia alcanzó a comienzos de los noventa un nivel de gasto público único para un estado democrático: en 1993 el gasto público sueco llegó al 73 por ciento del PIB. En la actualidad, Suecia dedica a sanidad un 9,1 por ciento bruto del PIB y el sistema funciona con la participación de las clínicas privadas en la gestión pública.
Asimismo, los suecos sí pagan por ser atendidos por un médico. En concreto, la consulta más barata cuesta 15 euros y la especializada, 25, y existen dos topes uno para la atención médica y el otro para los medicamentos, lo que supone 150 euros al año.
La utilidad del copago fue defendida por el diputado sueco al regular las visitas y al permitir que los usuarios puedan demandar calidad al sistema como clientes.
"En nuestro sistema existe una privatización dentro del sistema público, de forma que privatizamos el servicio, no el hospital", explicó Rojas. Por tanto, si un paciente es atendido en una privada o en una pública pasa a un segundo plano y los profesionales tienen el mismo contrato laboral con la exigencia de unos mínimos más exclusividad. Es decir, tanto unos como otros se rigen por las leyes del libre mercado.
Ésta sería, por tanto, la línea que podría seguir España. Aunque los conferenciantes apuntaron que depende de la capacidad del partido gobernante por el coste político que supondría la creencia social de que se está iniciando la privatización de la sistema sanitario.
En cuanto al espacio europeo, Rojas calificó de "inevitable" la creación de un sistema europeo de salud. "El ciudadano europeo no va a aceptar quedarse sin tratamiento cuando puede recibirlo en otro país cercano", apuntó. Algo similar está sucediendo ya con la movilidad de los profesionales, proceso que en España aún no está del todo implantado por las dificultades con el idioma.