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La mala letra en las
recetas
Redacción Médica Un informe del Instituto de
Medicina de la Academia Nacional de las Ciencias (IOM) de los Estados Unidos,
referido a 2006, señala que la mala letra de los médicos es la causa del
fallecimiento de 7.000 personas y que los errores en la medicación provocan
daños a más de 1,5 millones de norteamericanos cada año. Tales errores están
provocados por abreviaciones sin aclarar e indicaciones de dosis y letra
ilegible en algunos de los 3.200 millones de recetas prescritas en el periodo
analizado. Esta información podría parecer escandalosa tal y como está
presentada, pero también puede señalarse, con los mismos datos, que un 0,0002
por ciento de las recetas son la causa indirecta de un fallecimiento por una
interpretación incorrecta de la misma, debido a una letra poco legible o que,
por las mismas causas, el 0,05 por ciento de las recetas han provocado algún
tipo de daño a sus destinatarios. No conocemos en España ningún estudio de
las mismas características y aunque estamos acostumbrados a oír comentarios
sobre la “mala letra de los médicos”, también es proverbial la habilidad de los
farmacéuticos para descifrarla. En cualquier caso, es posible que en nuestro
país también se produzcan errores y que en algún grado los datos de los Estados
Unidos sean extrapolables. En ese supuesto y aunque nos estemos refiriendo al
0,0002 por ciento de las recetas, dado que solamente en el ámbito de las recetas
oficiales del Sistema Nacional de Salud se dispensaron 765 millones de
prescripciones durante 2006, estaríamos hablando de 1.530 fallecimientos, más lo
que correspondería imputar a las recetas privadas. Si la causa de estas
muertes es la mala letra y su incorrecta interpretación, no cabe duda de que
será necesario hacer todos los esfuerzos posibles por evitarlas y la solución se
encuentra a la vuelta de la esquina; es decir, en la implantación definitiva de
la receta electrónica. Con este soporte para las prescripciones, además de los
problemas de legibilidad, se resolverán todos los derivados de
interacciones. Andalucía, Cataluña y País Vasco tienen muy avanzados sus
proyectos de receta electrónica y en el resto de las Comunidades Autónomas se
encuentran en fase de pilotaje. No obstante, hasta el momento no se ha producido
la uniformidad de criterios que permita asegurar la compatibilidad de las
recetas fuera de sus comunidades. Se trata de una auténtica asignatura pendiente
que debe superarse. Ya es lamentable que las tarjetas sanitarias, las historias
clínicas o las carteras de servicios de los respectivos servicios de Salud de
las Comunidades Autónomas sean diferentes, dando lugar a diferencias y agravios
entre los ciudadanos. La receta electrónica urge, pero no debe sumarse al
apartado de las diferencias. Los ciudadanos que coyunturalmente sean pacientes
no pueden ver limitado su derecho a la libre circulación porque las recetas
electrónicas no sean compatibles.
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