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Fecha de publicación en
Gaceta Médica:
Domingo, 24 de Junio de 2007
Los servicios de urgencias hospitalarios son el
área por el que pasa un mayor volumen de pacientes (y acompañantes).
Se realizan en torno a 40 millones de atenciones urgentes al año en
España. Hasta ahora, al carecer de una especialización médica
concreta para atender este servicio, profesionales de diferentes
ramas de la Medicina, pero fundamentalmente médicos generales,
internistas y los MIR son los que han llevado el peso de la atención
a pacientes que ingresan vía Urgencias. Este asunto, que lleva
siendo objeto de controversia y confrontación durante años entre la
Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) y la Sociedad Española
de Medicina de Urgencias y Emergencias (Semes), no sólo se
circunscribe a nuestro país, también constituye un tema de discusión
en el ámbito europeo donde solamente Reino Unido e Irlanda tienen
reconocida la especialidad de Urgencias. España será el siguiente
en contar con esta especialidad en cumplimiento de la Ley de
Ordenación de las Profesiones Sanitarias (LOPS), una vez que todos
los grupos parlamentarios se han puesto de acuerdo en la necesidad
de desarrollarla. La SEMI y la Comisión Nacional de
Especialidades mantienen su oposición a la creación de esta
especialidad y esgrimen para justificar su postura que bastaría con
crear un sistema de áreas de capacitación. Esta fórmula permitiría a
médicos ya formados en una especialidad consolidada alcanzar un
desarrollo y competencia más profundo, sin que fuese preciso para
ello crear una título nuevo. La SEMI apoya la creación de troncos
comunes que propone la LOPS por especialidades afines, con el fin de
conseguir una formación básica, común y sólida, para quienes van a
ejercer posteriormente como médicos especialistas. Pero se opone a
la creación de nuevas especialidades que no se corresponden con
"troncos" de la medicina, razonamiento bastante lógico, ya que no
parece demostrada la utilidad de una especialidad en
Urgencias. Para Semes, la Administración tiene la obligación de
garantizar la formación, definir el tipo de formación y dónde se
debe recibir ésta. Y por ello, consideran que es preciso que se
determine qué formación debe tener el médico de urgencias, que sólo
se debería conseguir desde un acceso a esa especialización vía
licenciatura. El sistema establecido hasta la fecha ha
funcionado, es verdad, gracias a la voluntad de los profesionales
que están en urgencias, pero sinceramente creo que el problema de
las urgencias no es la falta de conocimiento o la heterogeneidad de
especialistas que las atienden, sino la falta de organización y la
inadecuación a la creciente presión asistencial. Las situaciones
que se viven en los servicios de urgencias requieren a menudo de una
agilidad y destreza en la toma de decisiones mayor que en otras
unidades, sobre todo cuando hablamos de casos de riesgo vital para
el paciente. Pero no precisa de un conocimiento especial para
atenderles con absolutas garantías. La experiencia acumulada
durante más de 30 años ha demostrado que el personal de las
diferentes especialidades que trabajan en Urgencias han formado a
profesionales que han desarrollado su trabajo a plena satisfacción
de los usuarios. Por ello, seguir creando compartimentos
estancos cuando es la gestión por procesos la que debería tenerse en
consideración, tampoco parece lo más moderno. En cualquier caso,
con la aprobación del Parlamento de la especialidad de urgencias y
emergencias, se entra en una fase decisiva en la que toca hacer un
esfuerzo de consenso para culminar el proceso de diálogo establecido
con las diferentes sociedades científicas y administraciones
públicas implicadas, y acabar de una vez con este debate.
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