SEMES-GALICIA BLOG : Bitácora de la Sociedad Gallega de Medicina de Urgencias y Emergencias

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[ISSN: 1886 - 8460]

26 de Julio, 2007

 

Tribuna SEMES

Enlace permanente 26 de Julio, 2007, 12:59

"Especialidad de urgencias: un acierto para el futuro de la atención sanitaria"

La mejor manera de garantizar la calidad formativa de los urgenciólogos y la calidad de la atención urgente española es instaurar una especialidad troncal en Medicina de Urgencias y Emergencias. El presidente de Semes cree que la voces que se oponen a esta iniciativa están movidas por un interesado corporativismo y revelan un profundo desconocimiento legal.
Luis Jiménez Murillo, Presidente de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias 26/07/2007
La reciente noticia de la aprobación, sin ningún voto en contra, en la Comisión de Sanidad del Congreso de los Diputados de la proposición no de ley en la que se insta al Gobierno de España a la creación de la especialidad de Medicina de Urgencias y Emergencias (ver DM del 30-V-2007) ha despertado de nuevo posturas ya conocidas a favor y en contra.
Los que siguen posicionándose en contra plantean argumentos mal razonados y estructurados, dando claros signos de desconocimiento de la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias (LOPS), de la realidad y las necesidades del sistema sanitario español y europeo, y del proceso administrativo que el Ministerio de Sanidad y Consumo ha seguido conforme al planteamiento de la creación de la especialidad por parte de la Sociedad Española de Urgencias y Emergencias (Semes).

Por todo ello, es conveniente recordar los siguientes puntos:

1. El documento Perfil del Médico de Urgencias, elaborado por el Ministerio de Sanidad, dice claramente que "el médico de urgencias debe poseer una serie de conocimientos y habilidades técnicas básicos para el desempeño de su profesión, y ninguna especialidad de las actuales abarca el amplio abanico formativo que precisa un médico de urgencias".

2. El informe de la Comisión Técnica de Formación Especializada en Ciencias de la Salud (tras estudiar todas las posibilidades de formación del futuro médico de urgencias: cursos, máster, área de capacitación específica -ACE-, especialidad clásica ) concluye, y lo cito textualmente, que "los miembros del grupo de trabajo recomiendan y proponen, como solución integradora de mayor consenso, explorar una especialización en Medicina de Urgencias y Emergencias a partir del desarrollo troncal de la especialidad".

3. El Pleno de la Comisión de Recursos Humanos del Sistema Nacional de Salud (SNS), en el que están presentes tanto el ministerio como todas las consejerías de Sanidad, aprobó el 19 de abril de 2006 el informe de la comisión técnica antes citada instando a la creación de una especialidad en Medicina de Urgencias y Emergencias de carácter troncal.

4. El día 31 de enero de este año se crea la Comisión Nacional Promotora de la Especialidad de Medicina de Urgencias y Emergencias, compuesta por nueve miembros: dos nombrados por el Ministerio de Sanidad, dos por el Ministerio de Educación, uno por la Organización Médica Colegial (OMC) y cuatro por las consejerías de Sanidad de las comunidades autónomas. Esta comisión ha elaborado una propuesta de programa docente troncal de dos años de duración común para las especialidades de Medicina Interna, Medicina Familiar y Comunitaria y Medicina de Urgencias y Emergencias, para, posteriormente, completar, con dos o tres años más, la formación específica de cada una de ellas. Este documento ya ha sido presentado a las comisiones nacionales de Medicina Interna y Medicina Familiar y Comunitaria, sin que se haya objetado ningún argumento científico-técnico para su rechazo, dejando la decisión final en manos de los ministerios de Sanidad y de Educación.

5. En mayo de este año sendas proposiciones no de ley del PSOE y del PP fueron presentadas de manera conjunta, a través de una transaccional, en la Comisión de Sanidad del Congreso de los Diputados, instando al Gobierno a la creación de una especialidad en Medicina de Urgencias y Emergencias de carácter troncal.

Preguntas sin respuesta
Por todo lo anterior, podemos decir que el debate sobre la necesidad de crear la especialidad de Medicina de Urgencias y Emergencias está cerrado, caduco y finalizado. ¿Cómo es posible que a estas alturas se vuelva a plantear la posibilidad de crear un ACE, en lugar de la especialidad? ¿Saben ustedes que para realizar un ACE de urgencias y emergencias habría primero que hacer una especialidad (de 4 ó 5 años), posteriormente trabajar en dicha especialidad otros cinco años y finalmente realizar una formación específica de dos años? ¿Quién trabajaría en un servicio de urgencias o de emergencias si se le exigiesen entre 11 y 12 años de formación previa? ¿La formación específica sería la misma para todos los profesionales o debería ser diferente en función de la especialidad de la que proviniese el aspirante? ¿Cuántos programas formativos se necesitarían?
Está muy claro que quienes proponen esta fórmula de aprendizaje, además de estar reconociendo el déficit formativo de sus especialidades para trabajar en urgencias con garantías, hablan desde el desconocimiento, no sólo de la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias sino de la realidad de la atención urgente en este país. ¿Acaso se desconoce que hay muchos servicios de urgencias que abordan al paciente de una manera integral, independientemente de la edad (Pediatría), sexo (Ginecología) y del antecedente, traumático o no, de la patología por la que consulta?
¿Cómo es posible opinar que no es necesaria una especialidad de Medicina de Urgencias y Emergencias por personas ajenas a la asistencia urgente que proponemos? ¿Están equivocadas la Comisión Técnica de Formación Especializada, la Comisión de Recursos Humanos, el arco parlamentario español y múltiples sociedades científicas, nacionales e internacionales, encabezadas por Semes? Los 5.000 médicos de urgencias que están integrados en Semes son los expertos, y ellos apoyan la especialidad.
Esta actitud crítica, contraria al avance de la asistencia sanitaria en España, reaccionaria, retrógrada e interesada, sólo se puede interpretar de una manera: desde la osadía de hablar desde la ignorancia o desde la desesperación.
Se confunden términos de troncalidad con capacitación, y se desconoce la realidad de Europa, donde ya existe la especialidad en nueve países. ¿Dónde recogen tanta desinformación? ¿Por qué tanto interés en confundir?
Los programas docentes de las especialidades de Medicina Interna y de Medicina Familiar y Comunitaria aprobados no alcanzan, ni por asomo, los conocimientos y habilidades médico-quirúrgicas básicas que un urgenciólogo tiene que poseer para desarrollar su labor asistencial en un servicio de urgencias o en un dispositivo de emergencias con la mínima calidad necesaria para garantizar una atención digna y profesionalizada.
La formación troncal que pueden compartir la Medicina Interna, la Medicina Familiar y Comunitaria y la Medicina de Urgencias y Emergencias durante un periodo de dos años, para luego cada una de ellas seguir su periodo de formación específico de dos a tres años, permitiendo la permeabilidad entre ellas, es la mejor fórmula para dotar al sistema sanitario de profesionales competentes y satisfechos con su trabajo.
Pero, independientemente de la creación de la especialidad, es necesaria una reordenación de la asistencia urgente en España, una mejora de las condiciones laborales de los profesionales que realizan esta actividad y el establecimiento de un manual de organización funcional y física de los servicios y dispositivos de urgencias y emergencias que permita ejercer la medicina en ellos con la misma dignidad que en cualquier otra especialidad.

Corporativismo interesado
La cruzada que encabezan los dirigentes de algunas sociedades científicas en contra de la especialidad de Medicina de Urgencias y Emergencias está caduca, corresponde a otra época y va contra el progreso de la sanidad en España.
El desconocimiento de las leyes y la realidad de la atención sanitaria urgente española y europea, unido a un corporativismo interesado, es lo que de verdad acarrea de forma irreversible un futuro de consecuencias imprevisibles.
Con las nuevas incorporaciones en el Ministerio de Sanidad -desde el ministro, Bernart Soria, la subsecretaria de Sanidad, Consuelo Sánchez Naranjo, y el recién nombrado director de Recursos Humanos del ministerio, Javier Rubio- mantenemos las expectativas, crecientes si cabe, de conseguir antes de que acabe esta legislatura la tan ansiada mejora de la atención urgente en España.
No olviden, y esto no es demagogia, puesto que opinamos de lo que hacemos, que redundará, sin lugar a dudas, en la mejora de la calidad de vida de los pacientes; supondrá un equilibrio en el Sistema Nacional de Salud, propiciando que se formen en urgencias los profesionales que de verdad quieren desarrollar esta actividad, y, por último, contribuirá a paliar el déficit de médicos de algunas especialidades, quizás porque están desarrollando funciones asistenciales para las cuales ni se han formado ni están preparados.

 
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Tribuna SEMI

Enlace permanente 26 de Julio, 2007, 12:57

Un error de imprevisibles consecuencias

La creación de una especialidad médica de urgencias y emergencias, además de innecesaria, sería un error desde el punto de vista asistencial, formativo y organizativo. El presidente de la SEMI aboga por un área de capacitación específica que haría menos rígido el sistema y permitiría un fácil trasvase de los médicos de urgencias a otros servicios.
Ramón Pujol, Presidente de la Sociedad Española de Medicina Interna 18/07/2007
Ante la noticia de la tramitación parlamentaria de una especialidad médica de urgencias y la posibilidad de que se tome una decisión precipitada, sin el necesario debate social y profesional, que tenga unas imprevisibles consecuencias, la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) se ve obligada a manifestar su postura y darla a conocer públicamente.
Actualmente más de 5.000 internistas y 1.230 MIR de la especialidad trabajan diariamente en los distintos hospitales de España: en plantas de hospitalización de adultos, consultas y áreas de urgencias.
De su capacidad y cuidados depende la atención de muchos pacientes con procesos prevalentes (infecciones diversas, enfermedades cardiovasculares, respiratorias, digestivas, neoplasias...), y también de pacientes complejos, bien por presentar un diagnóstico más difícil o bien por estar en una situación más frágil.
El programa de formación MIR en Medicina Interna contempla específicamente la formación en el área de urgencias y emergencias a lo largo del periodo formativo de 5 años, y los residentes de esta especialidad alcanzan una alta capacitación en este área gracias a su amplia formación clínico-práctica, siendo, desde siempre, uno de los especialistas más idóneos para la actividad en urgencias. Para hacerse una idea de la implicación real de la Medicina Interna en este ámbito basta recordar que un internista necesita realizar un mínimo de 275 guardias de 24 horas (¡más de medio año de guardia!) y desempeñar al menos tres meses de trabajo activo en servicios de urgencias para habilitarse en su especialidad. La tutorización actual durante 5 años (ó 4 años en Medicina de Familia con un planteamiento similar) parece acreditar que los médicos puedan tener una eficiencia contrastada para la asistencia en urgencias.
La SEMI y la comisión nacional de la especialidad se han manifestado rotunda y reiteradamente en contra del reconocimiento de urgencias como una especialidad con un programa MIR propio y diferenciado.
Existen argumentos de peso, que van mucho más allá de cualquier defensa corporativa del campo de actuación de una especialidad concreta y que merecen ser considerados en profundidad.
En primer lugar, el carácter inequívocamente multidisciplinario que presenta la actividad propia de urgencias -que compete a especialidades reconocidas, como Cirugía General, Traumatología, Pediatría, Medicina Intensiva, Medicina Interna...- hace necesario ver a las urgencias como un área de conocimiento y de práctica clínica de consideración peculiar a la que pueda accederse desde múltiples especialidades (algunas ya señaladas) y desde la Medicina General y de Familia. La urgencia es un ámbito común de actuación, no un campo de especialización compartimentado. En este sentido, podría ser considerada un área de capacitación específica mediante un periodo complementario de formación acreditada a la formación generalista. La permeabilidad para acceder a esa capacitación (desde las especialidades que se determinen) es necesaria para asegurar una formación suficiente en un programa MIR reconocido y unos contenidos específicos homologables en la capacitación complementaria, que reconocieran una competencia más profunda pero no ligada a titulaciones ni a puestos de trabajo. De lo contrario caeríamos en los mismos errores que han hecho de nuestro sistema de formación MIR uno de los mas rígidos de Europa.

Necesaria renovación
En segundo lugar, desde el punto de vista meramente asistencial, el trabajo en urgencias tiene un claro factor temporal de dedicación, que, de acuerdo con la experiencia de múltiples servicios, requiere una renovación o rotación de personal: a partir de determinadas edades (por encima de 50 ó 55 años, en general) puede ser recomendable un cambio de actividad. Este "factor edad" no sería un problema tan irresoluble si existiera la permeabilidad aludida, con una formación troncal previa en un área de medicina o cirugía. En cambio, plantea problemas asistenciales difícilmente abordables si urgencias se convierte en una especialidad no polivalente, en la que el médico deba trabajar durante toda su vida profesional.
A juzgar por algunas noticias recientes, existe el riesgo de volver a caer en el error de fomentar un desarrollo no armónico de nuevas especialidades independientes (en este caso, en urgencias), que, además de no ser reconocida en la mayoría de los países europeos, puede dar mayor rigidez al sistema y un alto grado de frustración en estos nuevos especialistas, a los que les costaría mantener su recortado campo de actuación. A lo largo de su vida profesional, un clínico podrá profundizar en distintos conocimientos y habilidades con la acreditación que se determine. Por eso, un mismo médico puede abordar a lo largo de su carrera más de un área de conocimiento a nivel experto: con una sólida formación troncal se puede luego adquirir una capacitación y reconocimiento de experto acreditado en un campo concreto (por ejemplo, en urgencias), sin perder la polivalencia propia del internista.
Por eso, Medicina Interna aboga por el desarrollo de las áreas de capacitación específica como nueva fórmula de futuro propuesta en la LOPS y acorde, por cierto, con las titulaciones vigentes en los países de nuestro entorno. De esta manera, se mantendría la coherencia del esquema de especialización "en tronco de árbol", en vez de la no deseada "en forma de peine".
Los problemas actuales de las urgencias, según múltiples expertos y gestores conocedores del tema, se centran en aspectos organizativos, de educación poblacional y de gestión eficiente, más que en una especial cualificación de los médicos.
En el caso de reconocerse esta nueva especialidad de urgencias, es muy verosímil que algunos médicos, al no disponer de otras opciones, pudieran elegir forzosamente esta "futura especialidad", que no les permitiría posiblemente ninguna otra salida futura, fuera de este ámbito concreto de actuación. Las urgencias podrían progresivamente desacreditarse, no sólo en los aspectos organizativos ya citados, sino también en sus niveles de eficiencia, calidad y desgaste de los profesionales, que se ven abocados a trabajar toda su vida en estos servicios hospitalarios.
¿Alguien cree en serio que puede elegirse trabajar en urgencias toda la vida profesional sin riesgo de cambiar de opinión a lo largo de décadas? Por eso es muy importante contemplar las posibles remodelaciones en este campo asistencial, manteniendo una formación troncal sólida con la polivalencia y permeabilidad que ello implica.
Todos los médicos clínicos deben adiestrarse en la actuación urgente por razones obvias: la urgencia no puede ser un campo acotado de ninguna especialidad concreta; sencillamente, no es una necesidad objetiva.

Consecuencias potenciales
Por todo ello, los políticos y gestores sanitarios sensatos no deben presentar como un logro sanitario el reconocimiento de una nueva especialidad. Ese hipotético reconocimiento no va a flexibilizar ni hacer más eficiente el sistema, sino que previsiblemente creará nuevos problemas de muy difícil solución y compartimentará aún más el sistema de especialidades.
Las consecuencias potenciales de una nueva especialidad en urgencias y emergencias son varias: produciría una mayor rigidez del sistema que afectaría a miles de profesionales; crearía un claro conflicto de competencias y de formación con la mayoría de las especialidades que atienden problemas urgentes (casi todas las clínicas); sería un escollo para el desarrollo de la LOPS en lo referente a los sistemas de troncalidad y un mal precedente que puede fomentar las reivindicaciones de otros colectivos con lugares de trabajo específicos (médicos especialistas en cuidados domiciliarios, en unidades de corta estancia, en cuidados paliativos...), y, finalmente, acarrearía un alejamiento de las orientaciones de la Unión Europea en cuanto a la formación de los especialistas.
El reconocimiento profesional que merecen los médicos que trabajan en urgencias -y la valoración de los conocimientos, habilidades y competencias necesarios para ejercer como tales, independientemente de su origen- tiene como respuesta natural un área de capacitación específica en urgencias desde las diferentes especialidades ya existentes.
Las principales sociedades científicas que representan a los colectivos asistenciales con formación vía MIR, la SEMI, la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria(Semfyc), la Sociedad de Medicina Intensiva (Semyciuc), así como el Consejo Nacional de Especialidades y la Federación de Sociedades Científicas de España (Facme) se han manifestado reiteradamente, de una forma clara, prudente e inequívoca, sobre la forma más permeable de abordar el área asistencial de urgencias en el futuro. En definitiva, no parece racional ni necesario aventurarse a crear algo arriesgado, irreversible y de consecuencias imprevisibles cuando lo que se tiene es fácilmente mejorable desde las especialidades existentes.

http://www.diariomedico.com/edicion/diario_medico/profesion/es/desarrollo/1017468.html

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Sociedad Gallega de Medicina de Urgencias http://www.semesgalicia.es

 

 

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