PROTOCOLO DE REANIMACIÓN
Ante una parada, masaje cardiaco ininterrumpido durante dos
minutos
CRISTINA G. LUCIO. El Mundo
Sufrir una parada cardiaca lejos de un
hospital sigue siendo un grave problema de salud pública ya que un considerable
porcentaje de quienes las padecen no consiguen llegar con vida a un centro
sanitario. ¿Qué es lo que falla? Según apunta una investigación estadounidense,
los desfibriladores no siempre llegan a tiempo y, además, las maniobras de
reanimación cardiopulmonar que se emplean en ocasiones no son las
óptimas.Precisamente, los autores de este trabajo -dirigidos por Bentley Bobrow,
miembro del departamento de Medicina de Emergencias de la Clínica Mayo (EEUU)-
proponen la implantación en los servicios de emergencia extrahospitalarios de un
nuevo protocolo, conocido como 'Resucitación cardiaca mínimamente interrumpida'
(MICR en sus siglas en inglés).Esta guía consiste, básicamente, en
priorizar las compresiones en el pecho eliminando o reduciendo
en la medida de lo posible las insuflaciones de aire, administrar de forma
temprana epinefrina (un vasoconstrictor) y retrasar la
intubación."Creemos que este protocolo favorece el flujo sanguíneo
[cardiaco y cerebral] y minimiza los efectos nocivos de la
hiperventilación, que es común durante la resucitación", explica Bobrow
a elmundo.es.
Una técnica efectiva
Para probar la efectividad de la técnica, el equipo dirigido
por este experto formó en el empleo de la MICR a los servicios de emergencia de
varios centros de Arizona, que seguían las guías editadas en el año 2000 por la
Asociación Americana del Corazón, y comparó las tasas de supervivencia de
pacientes antes y después del entrenamiento.Las recomendaciones del 2000
indicaban a los profesionales aplicar 15 compresiones en el pecho seguidas de
dos ventilaciones y, en los casos necesarios, un choque eléctrico para recobrar
el ritmo cardiaco.La implantación de la técnica MICR exige un cambio sustancial
en el protocolo ya que, además de desaconsejar la ventilación temprana y la
intubación, recomienda aplicar las compresiones en el pecho durante dos minutos
de forma ininterrumpida y antes de considerar el uso de un desfibrilador."Uno de
los factores que contribuyen fundamentalmente a las peores tasas de
supervivencia de los pacientes que sufren un paro cardiaco fuera del hospital es
un inadecuado riego sanguíneo en el cerebro y el corazón durante mucho tiempo.
En los esfuerzos de resucitación, el flujo sanguíneo que se produce por las
compresiones en el pecho es tan pequeño que cualquier interrupción es
extremadamente dañina, especialmente para conseguir resultados
neurológicos favorables", apuntan los autores.En realidad, y aunque algunos
centros no las hayan incorporado aún, las nuevas guías editadas por la
Asociación Americana del Corazón en 2005 ya recomendaban una
maniobra similar, que apostaba por priorizar el mantenimiento del flujo
sanguíneo. Con todo, el equipo de Bobrow confía en que en 2010, cuando vuelvan a
elaborarse estos protocolos, "su propuesta sea tenida en cuenta en la
revisión".
La investigación
El estudio analizó la actividad de los servicios de emergencia
de dos ciudades del estado de Arizona antes y después de que los profesionales
hubieran sido entrenados para aplicar la 'Resucitación cardiaca mínimamente
interrumpida'.Durante el periodo estudiado, un total de 886 personas sufrieron
un paro cardiaco. De los 218 individuos que tuvieron el ataque antes de la
formación del personal, lograron sobrevivir cuatro (un 1,8% de la muestra). Por
el contrario, tras el entrenamiento consiguieron mantenerse con vida 36 de los
668 pacientes atendidos (5,4% de la muestra).Tras esta prueba, se realizó un
segundo análisis en el que además se tuvo en cuanta la actividad de los
servicios de emergencia de varias estaciones de bomberos. Los resultados también
fueron positivos para la nueva técnica."La supervivencia de los
pacientes mejoró significativamente tras la implantación de la MICR como un
protocolo alternativo en el servicio de emergencias", señalan los
investigadores en su estudio, si bien remarcan que sus hallazgos, provenientes
de un estudio observacional, "requieren la confirmación de ensayos
randomizados".Precisamente sobre este punto incide Mary Ann Peberdy, experta en
medicina de emergencias, en un editorial que acompaña a este trabajo en 'JAMA',
quien hace hincapié en que la investigación tiene importantes limitaciones, como
el hecho de que no se un estudio controlado o que no se haya cuantificado
exactamente el número de presiones cardiacas realizadas o en qué medida se
efectuó algún tipo de ventilación.Con todo, Peberdy remarca que este estudio
"representa la confirmación de que la calidad de la reanimación cardiopulmonar,
particularmente la necesidad de las compresiones en el pecho ininterrumpidas y
la menor importancia de la ventilación, es un desarrollo significativo en la
evolución de las ciencias de la resucitación".